Ciencia

Que no se te escapen los pedos:alimentos que si puedes comer y no

Existen ciertos alimentos que están habitualmente implicados en la generación de molestos gases, siendo muy problemáticos en ciertas personas sensibles. Te contamos cuáles son estos alimentos y cómo disminuir las posibilidades de desarrollar gases.

Tirarse un cuesco de vez en cuando no entraña demasiados problemas. Al menos hacia la salud propia: la ajena es otra cosa. Sin embargo, la digestión a veces juega malas pasadas. Algunas personas presentan de forma recurrente ciertos problemas intestinales relacionados con la generación de gases indeseables durante el proceso de asimilación de nutrientes. Por supuesto, algunos alimentos están implicados más que otros en esta formación gaseosa, siendo aquellos de origen vegetal como legumbres, crucíferas o cereales quienes se vinculan mayormente a estos problemas gaseiformes.

Su terminología específica es el meteorismo, pero no tiene nada que ver con la extinción de los dinosaurios. Se define como meteorismo aquella condición molesta por la cual la generación de gases en el sistema digestivo genera trastornos y molestias como hinchazón y distensión abdominal. Los problemas derivados pueden ser bastante graves. Por un lado, encontramos consecuencias olfativas desagradables en aquellas exhalaciones anales que huelen literalmente a tanatorio. Dicho de otra forma: los pedos con mal olor. Sin embargo, también hay personas que son incapaces de expulsar los gases o pedos, trayendo consigo muchos otros problemas de salud relacionados que no merece la pena desprestigiar.

Tener gases se ha percibido tradicionalmente como algo vergonzoso, siendo estigmatizado de forma abrumadora. Nos cuesta mucho hablar de pedos, paradójicamente, cuando son tan naturales como la vida misma. Es muy normal peerse o “expeler los gases del vientre por el ano”, tal y como recoge la RAE. En este sentido, por muy cachondo que suene este asunto, debemos tener claro que la presencia abundante de gases se puede convertir en una auténtica odisea para ciertas personas y algo realmente doloroso. Recordemos: no todo el mundo tiene tanta facilidad para expulsarlos.

Además, la presencia excesiva de gases puede ser un indicativo de otros problemas de salud graves y ciertas enfermedades. Por ello, los consejos que aquí encontrarás son dedicados a la población general. Si tienes síntomas molestos que exceden la normalidad de las flatulencias, la mejor opción será acudir siempre a un profesional sanitario especializado que pueda evaluar tu condición individual de forma adecuada. Una vez aclarado esto, procedamos a desentrañar los misterios de los principales alimentos implicados en la generación de gases digestivos.

Un clásico gaseoso: las legumbres

gases legumbres
Pixabay

Legumbres como garbanzos, lentejas y alubias ocupan el podio dentro de los alimentos que mayor implicación tienen con la aparición de gases, pedos o flatulencias. La explicación reside en la presencia de compuestos como oligosacáridos, fibra dietética, y también las lectinas. Las lectinas son un tipo de antinutriente cuya presencia se relaciona con la generación de gases. Se llaman antinutrientes porque pueden inhibir la absorción de otros nutrientes como vitaminas o minerales en el organismo.

Es prácticamente tarea imposible que comer legumbres no nos dé gases

Para minimizar su presencia existen varios trucos culinarios clásicos, siendo el remojo previo uno de los más efectivos para mantener a raya el contenido en lectinas de las legumbres. La propia cocción también destruye las lectinas, por lo que las legumbres bien cocidas suelen relacionarse con menos flatulencias. Aún así, por su propia naturaleza, es prácticamente tarea imposible que comer legumbres no nos dé gases. De hecho, este grupo de alimentos debe controlarse en aquellas personas que presenten problemas de salud específicos relacionados con una mala digestión.

Más vegetales pedorros: las crucíferas

Brócoli gases

Quien se haya comido un buen plato de brócoli, coles de Bruselas o coliflor lo sabe: su consumo se relaciona bastante con la generación de gases intestinales. Para estos alimentos podemos replicar los consejos previos. En general, una buena cocción facilita notablemente la digestión de estos alimentos. Por ello, es una buena idea priorizarlos en su versión cocinada frente a la cruda si tenemos cierta propensión a formar flatulencias

El motivo por el cual estos alimentos generan más gas de la cuenta es la presencia de ciertos polisacáridos de difícil digestión, como rafinosa y estaquiosa. Estos compuestos llegan a las últimas partes del intestino sin digerir correctamente, y se convierten en alimentos para nuestra microbiota intestinal. Ahí, los microorganismos que forman parte de nuestro organismo consumen dichos componentes y generan más gas de la cuenta.

La lactosa y el gluten, casos de gases especiales

leche entera gases

Por último encontramos dos compuestos de distinta naturaleza, pero que comparten una negativa cualidad: estar implicado en muchos casos de malestar intestinal. En ambos casos nos referimos a compuestos que no son problemáticos para la salud de todo el mundo, sino que solo sientan mal a ciertas personas sensibles. Por ello, no hay motivos actualmente para desaconsejar el consumo de alimentos con gluten o lactosa a toda la población en su conjunto.

No hay motivos actualmente para desaconsejar el consumo de alimentos con gluten o lactosa a toda la población

Sin embargo, sí que hay ciertas personas sensibles que no digieren bien la lactosa y a las que les sienta mal el gluten. Las razones son distintas, ya que la lactosa es un azúcar, concretamente el azúcar natural de la leche. La lactosa se digiere gracias a una enzima, la lactasa, cuya presencia en nuestro organismo disminuye con el avance de la edad. Por este motivo es relativamente habitual que las personas mayores generen más intolerancia a la lactosa que los jóvenes. Existe desde hace varios años un enorme abanico de productos sin lactosa en los supermercados que permite a las personas intolerantes a la lactosa consumir lácteos sin problemas.

Tenemos también el asunto del gluten, que es algo más complejo de abordar. El gluten hace referencia a un conjunto de proteínas vegetales que se encuentran en diferentes cereales como trigo, espelta o cebada, y que cuyo consumo se vincula con diferentes trastornos hacia la salud. El más conocido de ellos es la celiaquía. Al contrario de lo que muchas personas creen, la celiaquía no es una intolerancia al gluten, ni tampoco una alergia. Es una enfermedad autoinmune donde se produce un rechazo hacia el gluten, pero está mediada por anticuerpos diferentes a los que vemos en alergias alimentarias. Además, sus síntomas son primordialmente de tipo intestinal con gases, inflamación y un posible deterioro de las mucosas intestinales.

Por lo demás, cada persona es un mundo y puede desarrollar problemas para digerir alimentos de forma individual. Por ello, cualquier alimento es susceptible de provocar gases en personas sensibles. En contraposición, y mientras no exista un problema oculto de salud, el resto de alimentos que no nos generan malestar son perfectamente compatibles con una dieta habitual. Como decíamos, detrás de un problema de meteorismo pueden existir trastornos de salud graves, por lo que resulta crucial consultar con un especialista si notamos molestias excesivas y frecuentes que merman nuestra calidad de vida.

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