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Naturaleza

Los dinoflagelados, las lámparas del mar

Los dinoflagelados, las lámparas del mar

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Si sois más o menos de mi quinta o simplemente os gustan los juguetes clásicos antiguos, seguro que conocéis el Gusiluz.

Todos los niños de los 90 queríamos uno de esos muñequitos tan achuchables que brillaban en la oscuridad, protegiéndonos de cualquier monstruo que quisiese salir de debajo de nuestra cama.

Por eso, conocer a un microbio, cuya luminiscencia se asemeja a la de aquellos muñecos, no deja de despertar nuestra nostalgia, además de resultarnos la mar de interesante. Y es que estos microorganismos son magníficos, tanto por el maravilloso espectáculo que se forma al observar las playas iluminadas por ellos como por las muchísimas aplicaciones beneficiosas que se les están encontrando con el paso de los años.

¿Qué son los dinoflagelados?

dinoflagelados

 

Antes de comenzar, dejemos claro algo que a todos se nos pasó por la cabeza cuando oímos el término por primera vez. No, no son dinosaurios. Más bien los dinoflagelados se definen como un grupo de protistas que se mueven con ayudas de flagelos. ¿Pero qué quiere decir todo esto?

Los protistas son un grupo de microorganismos unicelulares eucariotas (que no son procariotas como las bacterias), que no se pueden englobar dentro del reino animal, ni el vegetal, ni el de los hongos, mientras que los flagelos son unas estructuras alargadas, cuyo movimiento les permite desplazarse.

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Forman parte del fitoplancton, tanto de agua dulce como de agua salada, aunque la gran mayoría de las especies son marinas.

Aproximadamente la mitad son fotosintéticos; por lo que, junto a las diatomeas, constituyen la mayoría del nivel trófico primario de la cadena alimentaria oceánica. Además, muchos de ellos son endosimbiontes de otras especies marinas; como los corales, las anémonas y las almejas.

Por el contrario, otras especies son heterótrofas y se alimentan de protozoos, diatomeas y otros dinoflagelados.

Están repartidos por todo el planeta, según las condiciones del agua y no todos son emisores de bioluminiscencia, aunque otros son responsables de otros espectáculos igualmente llamativos, a la par que preocupantes, como las mareas rojas.

¿A qué se debe la bioluminiscencia de algunos tipos de dinoflagelados?

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Cuando los dinoflagelados se encuentran flotando en el agua, el movimiento del fluido a su alrededor genera un impulso eléctrico que se extiende por toda la célula hasta llegar a una vacuola cargada de protones. En ese momento se abren unos canales que llevan estos protones hasta unas cavidades de la membrana, llamadas scintillons, dando lugar a la activación de la luciferasa, una enzima que reaccionará con otra molécula, llamada luciferina, dando lugar a la emisión de fluorescencia.

Aplicaciones de los dinoflagelados

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Los dinoflagelados tienen numerosas aplicaciones, aunque algunas de las más conocidas son las asociadas a su bioluminiscencia.

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Por eso, están comenzando a realizarse proyectos en los que se estudia el modo de usarlos para la iluminación nocturna de edificaciones. Aunque parezca una locura, sería una buena forma de reducir el gasto tanto económico como energético que suponen los métodos tradicionales.

Para ello bastaría con introducir los dinoflagelados en recipientes transparentes en los que tengan un medio que contenga todos los nutrientes y el oxígeno necesarios para su supervivencia. Aún es necesario solventar algunos problemas, como los costes de producción o la posibilidad de tener que renovar el medio de vez en cuando, pero parece una idea prometedora que, de hecho, ya se ha implementado en la producción de un juguete, llamado dinopet,  que nada tiene que envidiarle a nuestro querido Gusiluz.

Aunque algunos de sus compuestos pueden ser tóxicos, como se puede comprobar en el caso de las mareas rojas, cuya toxicidad se puede transmitir a los humanos a través del consumo de moluscos y crustáceos que se han alimentado de los dinoflagelados que las componen, a bajas dosis también se les han encontrado muchas propiedades medicinales desconocidas en otras especies, tanto marinas como terrestres.

Sin embargo, aislar estos componentes resulta complicado, debido a la hipersensibilidad de los dinoflagelados a la agitación, por lo que en 2014 la Universidad de Almería comenzó un estudio en el que se modifican los parámetros de cultivos de estos dinoflagelados con el fin de poder optimizar su crecimiento a gran escala.

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Como veis, sólo el maravilloso espectáculo que ofrece la observación de algunos de estos microorganismos ya vale la pena; pero, además, poseen aplicaciones muy beneficiosas para los humanos. ¿Cómo no iban a merecer que os hablemos de ellos?

Imagen luciferasa: blogodisea

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